
La escuela infantil Nuestra Señora de África, en Ceuta, financiada con fondos comunitarios y nacida de la unión de dos centros públicos, se ha convertido en foco de inquietud entre el profesorado y las familias del alumnado. El edificio, con capacidad para unos 110 menores de entre cero y tres años repartidos en grupos reducidos de ocho a diez niños, linda con una zona de ladera junto al mar donde recientemente ha surgido un campamento improvisado de personas migrantes, según recogió Pilar García de la Granja en el programa ‘Mediodía COPE’.
Con el arranque del curso a la vuelta de la esquina, tanto los trabajadores del centro como un buen número de progenitores han empezado a organizarse para reclamar que se refuerce la seguridad en la zona. Silvia Arzal, integrante de la plantilla, trasladó su inquietud por que la proximidad del campamento pueda comprometer la seguridad de unas instalaciones que apenas acaban de estrenarse.
En los alrededores del colegio se han localizado botellas y cápsulas de óxido nitroso —el conocido como «gas de la risa»— tiradas en plena calle. Arzal lamentó que, aunque estas personas carecen de lo más básico, no les faltan cigarrillos ni determinadas sustancias, subrayando el riesgo que esto supone para los niños que pasan a diario por la zona. En sus propias palabras, toparse con restos de sustancias ilegales a la vista de todos representa un peligro real para cualquier menor que camine de la mano de su padre o madre.
La educadora recordó además que, si bien la gestión del centro corresponde a la Consejería de Educación y Cultura de la ciudad autónoma, es al Gobierno central a quien exige un cambio de rumbo en el tratamiento del asentamiento.
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