
Las autoridades marroquíes han acotado a un círculo de cuatro personas la investigación sobre el robo y posterior difusión de miles de documentos internos de sus servicios de seguridad, una filtración atribuida al grupo conocido como Jabaroot. Según fuentes conocedoras del caso, Rabat maneja la hipótesis de que estos sospechosos podrían haberse refugiado en Rusia para escapar de eventuales represalias, a diferencia de lo que ocurriría si hubieran optado por países como Alemania o Turquía, donde Marruecos cuenta con mayor capacidad de actuación.
Un filtrador interno, no un ciberataque
Uno de los aspectos más significativos de la investigación es que Marruecos descarta que el origen de la filtración sea un ataque informático externo. Los documentos proceden de una intranet interna a la que solo tiene acceso un número muy reducido de personas, lo que hace prácticamente imposible una intrusión desde fuera. Las pesquisas apuntan en su lugar a que alguien con acceso legítimo a esa documentación —presumiblemente un extrabajador ya retirado del servicio— realizó una copia y logró sacarla de los sistemas marroquíes, motivado, según estas fuentes, por un interés puramente económico.
Dos años de antigüedad en los datos
El análisis de quién aparece —y sobre todo de quién no aparece— en los archivos ha permitido a los investigadores estimar que la copia filtrada tiene aproximadamente dos años de antigüedad. Esto implica que la información pudo estar fuera del control de Rabat durante un largo periodo antes de hacerse pública, mientras Marruecos seguía empleando algunos de esos servicios y procedimientos en operaciones posteriores, entre ellas ciertas actuaciones relacionadas con Ceuta.
Cruzando quién tenía acceso a la intranet en aquel momento con quién dejó posteriormente sus funciones, los investigadores redujeron el abanico de sospechosos hasta llegar a los cuatro nombres que ahora concentran la investigación.
Implicaciones para España y la crisis de Ceuta
La filtración tiene una dimensión especialmente sensible para España, ya que, según las fuentes consultadas, entre los documentos hay referencias que permitirían reconstruir la actuación de miembros de las estructuras de seguridad marroquíes durante la entrada masiva de inmigrantes en Ceuta. El grueso de los archivos correspondería a personal de la Dirección General de Vigilancia del Territorio (DGST), el organismo encargado de la seguridad interior marroquí, y no a la Dirección General de Estudios y Documentación (DGED), competente en asuntos exteriores.
Una segunda lista que generó confusión
De forma casi paralela a la filtración de Jabaroot comenzó a circular otra lista distinta, con supuestos espías y colaboradores marroquíes en España. Según las fuentes que accedieron a los archivos originales desde el principio, ese listado no formaba parte de la documentación robada: los archivos de Jabaroot no incluirían ningún apartado específico sobre España ni listas organizadas por países.
La coincidencia temporal entre ambas filtraciones habría favorecido que se presentaran públicamente como un mismo paquete de información, algo que las fuentes consultadas consideran injustificado. No ha sido posible determinar de forma independiente quién elaboró esa segunda lista ni con qué propósito, aunque no se descarta que buscara aprovechar la credibilidad generada por la filtración auténtica.
Mientras continúa el análisis de la documentación, Rabat mantiene abierta la investigación para identificar y localizar a los cuatro sospechosos señalados, en un caso que amenaza con sacar a la luz nuevos detalles sobre la actividad de los servicios de seguridad de Mohamed VI.
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