En medio de la emergencia provocada por las intensas lluvias que ha traído la borrasca Leonardo a Andalucía, la atención no solo se centra en los efectos visibles como ríos crecidos y carreteras inundadas, sino también en lo que ocurre bajo la superficie. En Grazalema, Cádiz, donde se han registrado volúmenes de agua insólitos —600 litros por metro cuadrado en tan solo 24 horas—, los residentes están preocupados por el comportamiento del subsuelo y del acuífero.
Algunos vecinos han reportado la percepción de vibraciones y ruidos en sus viviendas, lo que ha llevado a especulaciones sobre un posible vínculo entre estas experiencias y la actividad sísmica reciente en la zona. Sin embargo, desde el Instituto Geológico y Minero de España (IGME-CSIC) instan a actuar con cautela al relacionar directamente las lluvias con los movimientos sísmicos ocurridos en los últimos días.
Raúl Pérez, investigador del IGME especializado en Riesgos Geológicos y Cambio Climático, afirma: «En principio, los terremotos que están ocurriendo en la provincia de Cádiz y en la provincia de Málaga son terremotos tectónicos relacionados con el contexto tectónico de la zona». Pérez enfatiza que, hasta la fecha, «no hay ningún dato científico que demuestre la relación con la lluvia, más allá de la coincidencia en el tiempo».
El experto explica que la coincidencia temporal entre las lluvias y la percepción de ruidos y vibraciones ha dado lugar a malinterpretaciones. «Al coincidir con las lluvias y al haber un par de epicentros cercanos a unos kilómetros de Grazalema, alguien ha llegado a la conclusión de que son terremotos», señala. La popularización del término «hidroseísmo» ha generado confusión, pero Pérez aclara que «científicamente no hay ningún trabajo que avale que son hidroterremotos ni que haya una relación directa».
El principal peligro identificado en la zona de Grazalema se relaciona, de hecho, con el acuífero. El investigador advierte que la saturación del acuífero está alterando su funcionamiento natural, haciendo que «los sumideros se conviertan en surgencias». Este fenómeno explica las alarmantes imágenes de agua brotando en el interior de las viviendas, incluso a través de enchufes y retretes.
Pérez resalta que esta interpretación es compartida tanto por el IGME como por el Instituto Geográfico Nacional. «No hay esa relación más allá de la coincidencia en el tiempo», asegura. Por lo tanto, enfatiza que el enfoque de la emergencia debe centrarse en los procesos derivados de la acumulación extrema de agua, en lugar de en la actividad sísmica.
La situación en Grazalema representa un recordatorio de la complejidad de los fenómenos naturales y la importancia de basar nuestras conclusiones en evidencia científica sólida. Mientras continúan las evaluaciones, la comunidad permanece atenta a los riesgos asociados con esta intensa y anómala acumulación de agua.
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